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Enrique
Crespo.
Músico
de una extensa y reconocida trayectoria internacional,
Enrique Crespo nació en Las Piedras el
17 de octubre de 1941. En Uruguay estudió
trombón en el Conservatorio Municipal
de Montevideo, integró la Banda Sinfónica
Municipal y la Orquesta Sinfónica del
Sodre, paralelamente se destacó en el
jazz siendo figura fundamental en el éxito
de los Chicago Stompers, y fue director, compositor
y arreglador en el recordado programa televisivo
Telecataplum.
Desde Alemania se le otorgó en 1966 una
beca para continuar sus estudios musicales y
de composición en la Universidad de Música
de Berlín, donde culminó diplomado
en 1969, año en que obtuvo el puesto
como primer trombón en la Orquesta Sinfónica
de Bamberg. En 1980 ingresó como primer
trombón a la Orquesta Sinfónica
de la Radio de Stuttgart, cargo que sigue desempeñando
actualmente.
En 1974 fundó con ex compañeros
de la Universidad el Quinteto de Metales Alemán
(German Brass Quintet), uno de los grupos musicales
de más prestigio mundial en su género.
Está integrado por las primeras figuras
del metal de las grandes orquestas sinfónicas
alemanas y Crespo es su director. German Brass
tiene actualmente más de 20 discos editados,
cuya música está compuesta o arreglada
en mayor parte por él.
Inevitable su mención entre los pedrenses
más destacados, juventudciudad.com entrevistó
a Enrique Crespo durante sus vacaciones en Uruguay.
Algunas reflexiones sobre Las Piedras, la banda
del colegio San Isidro (donde nacería
The Crazy Clown Jazz Band, la primera banda
que integró), Alemania, su carrera musical
y una participación de German Brass en
el concierto de navidad que anualmente celebra
la Orquesta Sinfónica de Nueva York en
esa ciudad, forman parte de la extensa entrevista. |
Las
Piedras:
¿Cuáles fueron tus primeros estudios
musicales?
Yo
empecé a la edad de cuatro años, con
el piano, en lo que se llamaba en aquel tiempo el
Instituto Falleri Balzo, que había sido fundado
por Hugo Balzo y otro conservatorio llamado Falleri.
En Las Piedras tenían una sucursal donde la
profesora de piano era Zulimita Ferrari, con quien
además aprendí solfeo. Pero coincidió,
también, que entré a la banda del colegio,
como cuenta Cacho Trobo. Y esa banda fue un emporio
de músicos, de ahí han salido varios
músicos profesionales que están por
el mundo. Hay que ver la importancia que tiene poder
decir: "bueno, yo me voy buscando el instrumento".
En los años que estuve en la banda busqué
el instrumento que me quedaba mejor, el que me gustaba
más, por el cuál más pasión
sentía, pero además, el que a uno le
sirviera, que tuviera más facilidad. Me hubiera
gustado tocar la trompeta, pero no me caía
muy bien, la boquilla era muy chica, entonces me sentía
mucho más a gusto con una boquilla grande.
Por eso empecé con la trompeta, la dejé,
seguí con el shenis, que era un instrumento
de acompañamiento y no había melodía.
Yo siempre hacía las melodías, de oído,
entonces me echaron de la fila de los shenis. No servía,
me mandaron al barítono, que hacía el
contracanto, y ahí me sentía muy bien
y estuve mucho tiempo, pero yo quería tocar
el trombón. Hasta que me prestaron un trombón.
¿Por
qué te gustaba tanto el trombón?
Porque
tenía más facilidad, y además
me encantaba en el jazz. Soy un enloquecido del trombón
en el jazz, el trombón de vara. Pero en aquel
tiempo no había trombón de vara, había
unos cuantos trombones pero todos de pistones, porque
la tradición de la música nuestra en
Las Piedras, vino por los italianos. La banda de Las
Piedras era italiana, los Meneguzzi, los Rossi...,
venía de Italia. Uno ve lo que es Italia, aún
hasta hoy en los pueblitos, y se da cuenta que la
banda Municipal de Las Piedras de aquel tiempo, que
tocaba todos los domingos en la plaza, era una institución
italiana, y en Italia no había trombones de
vara, se usaban trombones de pistones. Y así
fue también que cuando entré al Conservatorio
Municipal de Montevideo, entré a la clase no
con trombón de vara sino con uno de pistones,
porque todas las óperas italianas se tocaban
con trombón de pistones.
¿En
qué consistía la orquesta del colegio?
En
ese tiempo las escuelas de Don Bosco solían
tener una banda. Ahora el colegio tiene una, yo les
hice una donación de instrumentos que traje
de Alemania, de la fábrica con la que trabajo.
La banda del colegio San Isidro recibió instrumentos
nuevos y revivió, además hay alguien
atrás, Rivero, que la hace caminar, pero en
realidad estaba muerto todo eso, y ahora incluso,
el colegio no tiene interés tampoco en preservar
la banda, la institución de la banda del colegio.
Pero en aquel tiempo sí, estaban muy interesados
en hacer música, y era un honor el poder entrar
en la banda. Allá le decían a uno si
quería entrar, pero había que saber
música...
¿Había
una prueba?
No,
pero el que sabía música la tenía
mucho más fácil. Entonces, que a una
edad tan temprana, te den la posibilidad de conseguir
tu instrumento preferido, es algo muy especial.
¿Tenían
profesor?
No,
te daban el instrumento y arreglate como puedas.
¿Quién
más estaba, que te acuerdes, que se haya dedicado
después a la música?
Bueno,
mi hermano Carlos, los Trobo estaban también,
los dos De Oliveira, que ahora son músicos
profesionales, en la Banda Sinfónica Municipal
y en la Orquesta de la Radio de Frankfurt, lo cual
quiere decir que gente de talento tuvo ahí
su oportunidad de progresar.
Ahí
surge The Crazy Clown Jazz Band...
Claro,
nació a raíz de la banda del colegio,
éramos toda gente que estábamos en la
banda del colegio.
¿Cómo
siguió tu educación musical?
A
los catorce años empecé a ir todas las
semanas a las clases del Conservatorio Municipal en
Montevideo, a estudiar el trombón como la gente,
aprendiendo el estilo orquestal, justamente para entrar
a una orquesta sinfónica. Desde esa edad ya
me empezaron a entrenar para tocar en una sinfónica,
primero en la Banda Sinfónica, que entré
a los diecinueve años, y luego al Sodre, donde
entré a los veinte. En toda esa época
siempre estuvo el jazz como algo paralelo, fue parte
de mi carrera. Yo no sabía exactamente en dónde
iba a tener más peso mi carrera, si en el jazz
o en el clásico, entonces no me libré
de ninguna de las dos partes, traté de seguirlas
paralelamente sin dejar de cuidar ninguna de las dos.
En aquel tiempo también estaba haciendo el
preparatorio de arquitectura, que me sacaba mucho
tiempo, estamos hablando de los años 60, 61.
Pero, como decía "cacho" Trobo en
la entrevista, nuestros padres, en la sociedad pedrense
de aquel tiempo, que, hay que decir la verdad, era
bastante elevada, que la gente, por lo general, era
universitaria, una sociedad que casi se podía
decir, era un poco cerrada. Pero en esa sociedad compuesta
por familias de mucho arraigo en Las Piedras, que
no eran muchas, pero eran bastantes, ahí no
entraba cualquiera.
Eran
conservadores...
No
es que fueran cerrados, eran arraigados, entonces,
nadie desechaba a nadie, solamente que esa gente se
conocía desde generaciones. Entonces ahí
ya hay una fuerza de entendimiento, de imán,
que no lo puede romper cualquiera, quiero decir que
esa gente pertenecía a un círculo bastante
fuerte, que era cerrado por su misma naturaleza. Por
ese lado es que estoy hablando ahora de Las Piedras,
que a mi me interesa porque lo he analizado desde
el exterior. Uno analiza su pasado, empieza a recordar
cosas y a ver lo que antes no había visto.
Eran todas esas familias de Las Piedras conocidas
entre ellas, emparentadas entre ellas, también.
Era
otra ciudad muy distinta a la que es hoy, otra gente
empezó a llegar, aumentó su población...
Claro,
y además hay mucha gente que se fue, que se
ha ido a Montevideo. Sin embargo, todavía sigue
esa gente de Las Piedras, arraigada...
Que
vive sobre todo en el centro.
Claro.
Y también se mantienen en contacto con la gente
que está en Montevideo. Ese es un fenómeno
muy especial en Las Piedras, que se da solamente cuando
hay acceso a una ciudad grande. Es decir, no es provincia,
porque cuando nosotros en Las Piedras íbamos
a Montevideo decíamos que íbamos al
Centro: "me tomo el ómnibus al Centro",
o "a Pocitos". En tres cuartos de hora,
una hora, como mucho, estamos en el Centro. Los muchachos
iban a estudiar a Montevideo, al Vázquez Acevedo,
o a Canelones, o a la universidad, pero siempre desde
Las Piedras. Entonces, en aquel tiempo, estoy hablando
de los 50, 60, ya habían ómnibus a cada
rato, entonces, eso le daba a Las Piedras no un carácter
de pueblo, sino más de satélite. Y sin
embargo tenía, también, las propiedades
de un pueblo en cuanto a su sociedad. Es decir, ningún
barrio de Montevideo puede tener lo que en aquel tiempo
tenía Las Piedras, esa cantidad de familias
unidas entre sí, por su historia, por su tradición,
por su arraigo, que tenía una fuerza muy especial.
Era un fenómeno sorprendente, en tener la identidad
de pueblo y ser parte de Montevideo. Montevideo, como
Las Piedras, nos pertenecían, eran nuestros.
Las únicas que no se movían mucho eran
las amas de casa que tenían su comisionista
para que les trajera las cosas. Eso había sido
a principio de siglo algo bastante más difícil,
me estaba contando mi madre, que su abuelo y su tío
iban a comprar a Montevideo y pasaban una semana.
Era ir con carretas, en caminos horribles.
Telecataplum:
Prosiguiendo
con tus estudios, arquitectura entonces era la carrera
seria, digamos.
Claro,
era la mentalidad de aquel tiempo. Te decían:
"no primero hacé tus estudios, vas a ser
arquitecto, o lo que sea, y después vas a poder
hacer tu hobby". Pero la música no es
para estar jorobando, la música tiene que ser
tuya lo más pronto posible o perdiste. Entonces,
ni siquiera fue una cuestión que yo lo entreviera,
sino que uno lo siente.
Sabías
que era por ahí...
Claro.
Yo siempre tuve una especial inclinación por
el arte, y por eso arquitectura, que era lo más
parecido al arte en una carrera universitaria, pero
nada que ver con la pasión de la música.
Y estuve luchando con la arquitectura hasta que pude
zafar. En ese tiempo también estábamos
con Telecataplum. Había pasado que con los
Chicago Stompers, la orquesta que sucedió a
los Crazy Clown, estábamos trabajando muy bien,
en diferentes lugares, había adelantado mucho
la parte musical, y lo que había hecho en The
Crazy Clown, es decir, encargarme de los arreglos,
tenía que hacerlo también en los Chicago
Stompers.
¿Componías
también?
Sí.
En el caso de Telecataplum, por ejemplo, cuando había
alguna producción grande con orquesta, o una
producción de la carpa. En los veranos se hacía
una presentación teatral en una carpa que,
creo, era de AGADU.
Durante
el programa tocábamos uno o dos temas cada
quince minutos... Pero con otra cosa, teníamos
sketchs, vestimentas alusivas a lo que estábamos
tocando o cantando, hacíamos un tipo de show
que aún se está haciendo. En realidad
ganó ese tipo de sketchs, que tuvo mucho auge
en los años sesenta, setenta, cuando apareció
el programa inglés Monty Paiton, no sé
si acá se conoció. Monty Paiton se hizo
famoso en todo el mundo, y era, en realidad, Telecataplum,
exactamente igual, con mejores medios, aunque no tenían
mucho dinero hacían incluso películas,
que se convirtieron en películas de culto.
Si Telecataplum hubiera estado en cualquier país
europeo o en Estados Unidos, hubiera sido algo monumental.
Pero estaba en Uruguay, en Argentina, era una cosa
muy pequeña y que tenía su límite.
¿Cómo
se vincularon los Chicago Stompers a Telecataplum?
Cuando Julio Frade y yo vimos Telecataplum, dijimos:
"ese es un programa para nosotros". El problema
que teníamos era que ya había una orquesta.
De todas maneras, igual fuimos, todo el grupo, nos
presentamos y dijimos: "escúchennos".
Empezamos a tocar y la gente quedó con la boca
abierta. Frade era más el manager, hacía
de agente, se encargaba de los contactos y todo eso,
y yo hacía la parte artística, en ese
sentido nos complementábamos muy bien.
¿Quiénes
quedaron sorprendidos, la gente que hacía el
programa?
Claro,
los Scheck quedaron con la boca abierta porque estábamos
muy bien, musicalmente se había visto muy pocas
veces una banda así. Había trabajo,
ensayo, pulimiento, y era una banda de gente seleccionada.
Teníamos los mejores profesionales que podíamos
elegir en aquel tiempo. Y de Las Piedras estaban Berugo
Carámbula (él empezó a actuar
después de muchos años, primero era
integrante de la orquesta, como Frade), Wilson De
Oliveira, y yo. Paralelamente a nuestro trabajo de
orquesta, trabajábamos también como
actores, porque todas las noches nos encontrábamos
a las ocho de la noche, hasta las doce, una de la
mañana.
¿No
era desgastante?
No,
era muy divertido.
¿Cómo
eran los actores y el resto de los integrantes de
Telecataplum? Como personas y compañeros de
trabajo.
Ah,
perfecto. Estaba Espalter, que tenía en aquel
tiempo 38 años, era una persona joven; D`Angelo,
más joven todavía...
Almada...
No,
Almada no estaba, llegó después. Era
un pianista de teatro, entró por la música,
pero él vino después de nosotros. Estaba
Raimundo Soto, que no era actor, era una personalidad
de la radio, pero que tenía un gran nombre;
Buonavita, una paisano del interior, que hacía
de gaucho, de una genialidad muy especial; Jorge y
Daniel Scheck, que hacían los libretos y se
complementaban muy bien. Parte del programa eran los
libretos y otra parte de improvisación, y eso
era monumental, además se trabajaba con gente
muy creativa, como Andrés Redondo, por ejemplo,
que a nosotros nos fue impulsando.
¿Cómo
era el método de trabajo? ¿Tocaban sólo
jazz en el programa?
No,
nosotros éramos una banda de jazz, pero claro,
del jazz salió todo, es la música del
siglo XX, de ahí salió el rock and roll,
el twist. Entonces para nosotros no había ningún
problema en tocar todo lo que era actual en aquel
tiempo, si eran los Beatles, tocábamos, si
era el twist, que había en aquel tiempo, el
mambo, cualquier cosa, no había nada que no
hiciéramos. Es una de las cosas que al día
de hoy todavía siento, la mejor música
del mundo, esa es la que vamos a tocar, no importa
la música que sea. Lo único que no tocábamos
era tango, porque en este país al tango hay
que hacerlo bien o mejor no hacerlo. Lo habríamos
tocado si no estuviéramos en este país,
pero como estábamos en el Río de la
Plata había que dejarle el tango a la gente
que lo sabía tocar. Los Chicago Stompers era
una orquesta de jazz que tocaba en los bailes.
Se
los definía como una banda dixieland, ¿qué
significa esa definición?
Dixieland
es el nombre que se le da a la música tradicional
del sur de Estados Unidos, es decir, de Nueva Orleáns.
Pero hay muchas expresiones del dixieland; dixieland
swing, hay un dixieland más moderno, un dixieland
europeo. Por lo general, es la conjunción entre
la trompeta, el clarinete y el trombón adelante,
y la sección rítmica.
¿Cómo
era la selección de la música en Telecataplum?,
¿se hacía en función de lo que
iba a haber en el programa?
Por
lo general era al revés, nosotros les ofrecíamos
algo. Mientras ellos estaban haciendo sus cosas, nosotros
también trabajábamos en lo nuestro.
Teníamos un lugar donde trabajar, que era en
los sótanos del edificio de El País,
donde por lo general había exposiciones, y
ahí estábamos muy bien, podíamos
ir a cualquier hora. Cuando necesitaban gente nos
llamaban. Teníamos que actuar, una vez hice
de embajador. Por ese lado también nos divertíamos,
a veces había que hacer películas, El
País tenía su propia dependencia de
cine, con gente que hacía cine muy bien, en
aquel tiempo blanco y negro. Telecataplum era un programa
muy redondo.
¿Paralelamente
a Telecataplum seguías con tus estudios de
música clásica?
En
el tiempo de Telecataplum ya había egresado
del Conservatorio Municipal y estaba tocando en la
Banda Municipal, y en el Sodre, haciendo de extra.
Seguía estudiando arquitectura, también.
Yo me sentaba en el aula y la gente me había
visto en Telecataplum el día anterior, y lo
único que hacía el profesor era hablarme
del programa.
Arquitectura
era una cosa más simbólica...
Sí,
al final tuve que decir: "no, no puede ser".
Alemania:
Hablando
de lo que querías ser; ¿Tenías
una idea de hasta dónde podías llegar
con la música, en cuanto a decir, me quedo
en Uruguay, cómodo con lo que hago, o tenías
la idea de proyectarte en otro medio?
Nunca
dudé que iba a hacer mi camino en otro lado,
siempre supe que iba a salir del país, que
el campo en Uruguay es muy limitado y que no podía
quedarme acá, y nunca tuve el problema existencial
de decir: "tengo miedo de empezar algo, porque
tengo miedo de no concluir, de fallar, de claudicar",
nunca. Siempre fui conciente de que lo que puedo hacer
lo puedo hacer mejor que cualquiera, entonces, todo
es cuestión de ambiente, y de trabajo. Trabajo
en un ambiente hasta que ese ambiente deja de darme
algo, para seguir progresando. Hasta hoy es la misma
mentalidad, siempre tratando de progresar, un poquito
más, un poquito más, donde veo una cosa
que esté mejor, ahí le prendo.
¿Y
ahí aparece la beca para Alemania?
Claro.
¿Cómo
es que se presenta?
Sucedió
lo siguiente, estaba muy entreverado, en la Banda
Municipal, en el Sodre, todavía seguía
estudiando arquitectura, estaba tocando con Telecataplum
que teníamos que ir cada dos semanas a Buenos
Aires, y además problemas personales, tenía
una novia, yo qué sé, esto y lo otro...
era demasiado. En ese tiempo estaba con la idea de
parar con algo, de tomar alguna decisión, la
inercia me hacía seguir pero yo sabía
que así no podía continuar. La cuestión
es que en el 64 hubo una epidemia de hepatitis en
todo el país, y en casa nos tocó a cuatro,
y, en cuanto a los análisis, la mía
era más dura que las de los demás, entonces
tuve que quedarme en casa, al principio por algunas
semanas y al final fue casi un año. Estuve
sin trabajar, sin moverme, en aquel tiempo no se conocía
muy bien lo que me podía pasar, no había
hepatitis A, ni B, ni C, sino que había una
para todos. Con mi hepatitis no había ningún
riesgo pero como los análisis no me daban 100%,
decían: "por las dudas lo dejamos",
y yo, con 22, 23 años, con ánimo para
hacer todo, eso me estaba cocinando por dentro. Estaba
juntando energía, así que cuando salí
de la hepatitis ya había elaborado todo, sabía
las decisiones que tenía que tomar y que era
un buen momento para decir "basta, se acabó".
Entonces, con mi madre empezamos a ver por el lado
de Alemania, y la beca salió.
¿La
gestionaron para Alemania?
Sí,
por la embajada alemana en Montevideo, y una de las
cosas que nunca se había dado, o muy pocas
veces, era que había una beca de música.
Por lo general son becas para universitarios. Una
cosa muy extraña. Y con eso, sabía que
tenía que irme para Alemania en el año
67. Pero estamos hablando del 65, me reanudé
al Sodre, dejé los estudios, había roto,
también, con Telecataplum, porque ya no estaba
yendo ni tampoco iba a tocar con los Chicago Stompers.
Los Chicago Stompers no sobrevivieron mucho tiempo
más. Siempre me pasó lo mismo, en el
momento que dejé una orquesta, esta por lo
general se deshizo, no porque yo fuera el mejor, sino
porque era el único que hacía los arreglos.
Una de las cosas más difíciles de encontrar
en la música es alguien que haga un buen arreglo
de una buena música. Y eso yo no lo sabía,
nunca me di cuenta de que eso era algo muy difícil
de encontrar. Entonces lo hacía, no por una
condición de liderazgo ni por nada, sino que
por la sencilla razón de que había que
escribir la música, había que organizarla
y alguien tenía que hacerlo. Entonces me di
cuenta que en el momento que yo no aportaba más
musicalmente, no funcionaba. A mí me gustaba
tocar el trombón, no me gustaba sentarme a
escribir música, es un trabajo arduo. Tenés
que sentarte, trabajarlo, los otros vienen, tocan,
se divierten con la música, y vos tenés
que hacerla. Siempre me hubiera gustado tener una
orquesta grande, con muy buenos músicos y andar
por todo el mundo. Ese fue un sueño, pero no
un combo como el que teníamos nosotros, donde
tenía que escribir para todos. Además
en aquel tiempo no todo el mundo leía buena
música. Entonces tenía que hacer de
acuerdo a las posibilidades de cada uno, y además,
también, llevarlo a cabo, es decir, trabajar
con la gente, decirle: "mirá no es así,
es esto".
¿Por
qué elegiste Alemania?
Por
la calidad, siempre me atrajo la música sinfónica.
La música sinfónica más elevada
que es la romántica del siglo XIX, que nació
en Alemania. Desde Bach hasta Bruckner, Mahler, Brahms,
Strauss, toda esa gente se encontraba en esa situación
geográfica, y venía también del
idioma alemán, esa música está
escrita en alemán, no en italiano. Mi pasión
siempre fue por la música alemana, tanto por
Brahms, por Bach, Mozart, todo eso viene de Alemania.
Hubiera ido a Estados Unidos, también, pero
no era la cuna. Estaba la posibilidad de conseguir
una beca en Chicago, por Wulfredo Cardozo, un profesor
de aquel tiempo al cual yo tengo mucho que agradecer,
porque cuando llegué a Alemania, tenía
una preparación instrumental que enseguida
me permitió estar a la altura de todos los
trombonistas de allá. No tuve que trabajar
nada para estar técnicamente a la altura de
los otros, llegué allá y enseguida entré
a la academia de la Filarmónica de Berlín.
¿No
fuiste a la Universidad de música de Berlín?
Entré
a la Universidad de música de Berlín,
pero además, hay una academia que es una Fundación
de la Orquesta Filarmónica de Berlín,
donde uno trabaja con la orquesta, con sus integrantes,
tocando en ella. Ese fue mi primer paso en Alemania,
yo salí de Montevideo, llegué a Berlín
y enseguida comencé a tocar en la Orquesta
Filarmónica de Berlín.
¿Ellos
te llamaron? ¿Cómo te convocaron desde
la academia?
Yo
entré a la Universidad haciendo un examen de
admisión, a pesar de tener la beca si lo perdía
me mandaban de vuelta. Al otro día de dar ese
examen me llama el profesor de trompeta, que era primer
trompeta de la Filarmónica de Berlín,
y me dice: "mirá Enrique, ayer escuché
tu examen, acá tenés un número
de teléfono para que llames". Porque,
además, en aquel tiempo no me gustó
mucho el profesor que me habían adjudicado
en la universidad, musicalmente no era lo que esperaba,
entonces estaba un poco decepcionado. Se lo conté
a uno de mis colegas, alumno del trompetista. Ese
trompetista se enteró de lo que me pasaba y
me dio el teléfono, que era del primer trombón
de la Orquesta Filarmónica de Berlín.
Lo llamé y quedamos en vernos. Estuvimos tocando
juntos y me dijo: "bueno, de ahora en adelante,
trabajamos acá", paralelamente a la universidad.
¿Qué
impresión te dio la ciudad de Berlín
cuando llegaste? Era una ciudad muy especial, dividida
en dos por un muro, en la guerra fría.
Yo
llegué a Alemania en pleno invierno. Llevaba
unos zapatos nuevos y el primer día en Berlín
los arruiné por el frío. Había
nevado, y caminando por la nieve con las valijas,
los zapatos que tenía puestos se echaron a
perder. Empezando por el idioma, hasta la comida,
no había nada en común.
¿Hablabas
alemán?
No.
Había estudiado un poco acá pero no
me sirvió para nada. Cuando llegué allá
me di cuenta que no servía, no entendía
nada. Llegué a Iserlohn, una ciudad pequeña
que está en el medio de Alemania, en un lugar
montañoso, muy lindo, pero que todo el clima
era algo muy especial para nosotros, no había
nada parecido en las comidas, ni en el idioma, y la
gente, también, era muy cerrada, fijate que
en aquel tiempo no había muchos extranjeros
en Alemania.
¿Y
cómo fuiste a parar a esa ciudad?
Ahí
me mandaron a estudiar el idioma durante cuatro meses,
antes de ir a Berlín, donde tenía que
empezar con los estudios en marzo. Me mandó
la institución que da las becas, D.A.A.D. (Intercambio
Académico Alemán, serían las
siglas en español). La beca era muy buena,
me pagaban todo lo referente a los estudios, al principio
también la ropa. Pero venía de una sociedad
completamente diferente.
¿Y
en ese pueblo aprendiste el idioma?
Sí,
la parte gramatical, pero cuando llegué a Berlín...
Había
que hablarlo...
Había
que hablarlo. Pero el berlinés es una persona
muy abierta, que se da mucho al contacto humano, era
muy diferente a la pequeña ciudad donde había
estado. Berlín para mí fue una cosa
muy especial, fue llegar ahí y ver toda esa
ciudad grande, elegante, el invierno ya se estaba
yendo, me quedé contentísimo. Al tercer
día estaba tocando en un club de jazz. Fui
al club más importante de allá a escuchar
un poco de jazz, llego y me presento: "hola,
soy trombonista, ah!, ¿no querés tocar
con nosotros?, bueno". Me dieron un trombón,
empecé a tocar y ya me contrataron, para ir
tres veces por semana. Y ahí hice contacto
con los músicos de jazz de Berlín, seguí
tocando con ellos siempre, hasta que me fui de la
ciudad. Paralelamente también seguí
tocando en estudios de grabación, haciendo
música popular. Yo siempre traté de
hacer toda la gama dentro de la música.
¿Cuánto
tiempo estuviste en Berlín?
Dos
años y medio. La beca era sólo para
un año, al final del año estaba muy
interesado en ir a estudiar a Chicago, y en la Academia
me dijeron que no, que me tenía que quedar
con ellos porque lo importante era que hiciera otro
año más: "no has aprendido aún
lo que tendrías que haber aprendido, musicalmente
y en tradición la música como la sentimos
acá", me dijeron, y tenían razón.
Y yo me daba cuenta que todavía tenía
mucho tiempo para estudiar. Así que me extendieron
la beca por un año. Luego de esos dos años
me plantearon que había una posibilidad muy
grande de una orquesta muy importante en Alemania,
y que el puesto sería mío, con la preparación
que tenía viniendo de la Filarmónica
de Berlín, la más grande de Alemania.
Había que dar un concurso igual, y en ese momento
de nada valen las recomendaciones. Y una de las mejores
orquestas de Alemania, que era la Sinfónica
de Bamberg me dio una invitación para una audición,
por eso me quedé. Fui y lo gané.
¿En
qué parte de Alemania funciona esa orquesta?
Era
la segunda orquesta de Baviera, la primera era la
Radio de Munich. No estamos hablando de lo bueno sino
de jerarquía. Pero con algo muy importante
que era la tradición de esa orquesta, que venía
de la Filarmónica Alemana de Praga, con cientos
de años, y eso es muy importante para la identidad
de una orquesta. Es una de las orquestas más
cotizadas de Europa, con los mejores directores de
toda la historia. Estuve en la Orquesta de Bamberg
por once años, pero siempre trabajando con
mis propias cosas.
¿Qué
estabas haciendo paralelamente?
Hacía
producciones en la Radio Baviera, con la Orquesta
Sinfónica de la Radio de Baviera, escribía
la música y tocaba solista, o hacía
mis propias producciones.
¿Sacabas
discos?
No,
era para emitir. Y luego de dos años de haber
estado en la Orquesta de Bamberg, con un compañero
fundamos un estudio de grabación y cine. Para
hacer más que nada películas musicales,
y casi desde el principio, también, empezamos
a hacer comerciales para el cine y la televisión.
Eso creció... ahí empecé a realizar
el trabajo de técnico en los controles, que
nunca había hecho, aprendiendo toda la técnica
de la televisión y del cine. Un hermoso trabajo.
Hice mis propias películas musicales para televisión.
El problema de ese estudio era que la parte técnica
nos costaba mucho dinero, cada dos años se
renovaba todo el equipo. Llegó un momento que
con ese trabajo empecé a irme por las ramas.
Tenías
que dejar la música y dedicarte sólo
a eso.
No
podía ser. Después de mucho tiempo hablando
y avisándole a mis socios, me abrí.
Y me fui de Bamberg, también, a la Orquesta
Sinfónica de la Radio de Sttutgart, donde había
entrado Sergiu Celibeche, uno de los mayores directores,
una personalidad muy carismática, y además,
tenía una especie de... era un fenómeno
muy especial, era un tipo que nunca hizo un disco.
Venía de Rumania, gran hombre. El ya había
estado en Bamberg, nos habíamos hecho amigos,
y pidió si me podían contratar. En aquel
tiempo tenía 37 años, era muy extraño
que alguien cambiara la orquesta a partir de los 30
años, por lo general eso se hace en la juventud,
y a mí nunca se me hubiera ocurrido, lo que
sí vi fue la posibilidad de cambiar de vida
otra vez, empezar algo nuevo.
German
Brass:
¿Cómo
es el trabajo en una orquesta sinfónica?, cómo
son los ensayos, de cuánta gente se componen.
Una
orquesta alemana de las grandes, tiene entre 105 y
120 integrantes. Con la ventaja, en cuanto a los otros
países, que los solistas de la orquesta, el
primer trombón, la primera trompeta, el primer
clarinete, todos los vientos, por ejemplo, tienen
un coordinado y un substituto, es decir, que sólo
trabajan una parte del año. Con mi coordinado
nunca trabajamos juntos, por lo tanto los dos éramos
trombón solista, nos repartíamos el
trabajo, la mitad cada uno. Pero había un sustituto
además, que también tenía que
trabajar. Por eso fue el cambio mío de Bamberg
a Sttutgart, porque en Bamberg no contaba con eso,
era trombón solista y lo que tenía era
sólo un sustituto. Trabajaba mucho más,
dos tercios. En Sttutgart empecé a trabajar
menos de la mitad porque tenía un sustituto.
Es decir que yo trabajaba tres meses y medio al año,
cobrando más. Todo una tentación.
¿Van
a ensayar todos los días?
La
orquesta trabaja todos los días. Por lo general
hay un concierto los sábados en la parte de
abono, y están los viajes que se hacen por
todo el mundo.
Europa,
Estados Unidos...
Estuvimos
en todos lados, en la mayoría de los países
árabes, en Japón, en Israel, Turquía...
¿Cómo
es la gente en esos países?, son culturas bastante
diferentes. ¿Los árabes, por ejemplo,
aprecian la música igual que lo puede hacer
un europeo?
En
todos lados el oyente de música clásica
es la persona más culta, es la elite de los
pueblos, así que no varía mucho la gente
de Arabia, que tiene bastante dinero y la posibilidad
de escuchar a las mejores orquestas del mundo, y están
en todos los festivales europeos. Siempre estuve muy
vinculado al viaje, eso era en mi trabajo oficial
la orquesta, pero en el tiempo de estudio mío
ya había hecho un quinteto, porque nunca estuve
sin formar grupos. En Berlín hicimos un quinteto
de metales, es decir, dos trompetas, un corno, un
trombón, y una tuba, y cuando daba las clases
de composición escribía para ese grupo,
entonces ahí el profesor me ayudaba mucho para
aprender a escribir a esas formaciones. Además
de trombón estudié composición.
Luego nos separamos porque cada uno de los integrantes
del quinteto que teníamos en la universidad,
se fue por su lado; el cornista estaba conmigo en
la misma orquesta, los dos trompetistas eran los solistas
de la Filarmónica de Berlín, y el tubista
estaba en la Filarmónica de Hamburgo. Entonces
nos juntamos otra vez, los llamé a todos, y
dije de hacer una grabación en el estudio mío
en Bamberg. Ya que tenemos un estudio vamos y hacemos
una grabación del quinteto. Vinieron todos,
en esa época ya eran personas muy importantes
en sus orquestas. Grabamos y quedamos muy entusiasmados,
por lo que yo me hice a la pesca de conciertos. Y
conseguimos en un festival de Francia la oportunidad
de tocar todo el verano en la costa francesa. Era
el año 1974, teníamos una buena vida
y estábamos haciendo música. Fue una
cosa muy fructuosa porque ahí se creo el Quinteto
de Metales Alemanes (German Brass). Como todos integrábamos
las principales orquestas de Alemania, le pusimos
el quinteto alemán. Y empezamos a trabajar
muy bien y a ganar puntos. Hicimos dos discos con
buenas ventas, tanto fue así que EMMI me llamó
para decirme que tenía interés en hacer
una cosa muy importante con metales, a ver si tenía
interés en organizar eso. Y yo les ofrecí,
para el año 85, en el trescientos aniversario
del nacimiento de Bach, una grabación que se
llamaría Bach 300. Les gustó mucho la
idea. Me dieron todos los medios necesarios, los mejores
equipos, e hicimos el disco, que hasta hoy se sigue
vendiendo. Fue una gran entrada en el campo mundial.
En Estados Unidos se vendió cinco veces más
que en Europa. Tanto es así que de inmediato
tuvimos la posibilidad de hacer giras en Estados Unidos,
lo que nunca pudimos hacer porque los dos trompetistas
eran los solistas de la Filarmónica de Berlín,
trabajaban en la misma orquesta, entonces tenían
muy poco tiempo.
Pero
German Brass ya no son cinco integrantes
No,
somos diez. A raíz de la grabación Bach
300 tuve la idea de no hacerlo más en quinteto.
El quinteto sólo son cinco voces, es muy poco
para la música de Bach, que de pronto es una
gran orquesta o un órgano entero, entonces
me puse a reflexionar qué formación
hacer para tener todas las posibilidades. Me costó
un año, casi dos, de trabajo, ir probando,
para hacer la mejor formación.
¿Cómo
es la selección de los músicos?
Es
muy sencillo, German Brass tiene música que
no es fácil, entonces para que alguien toque
la música esa tiene que tener una preparación
muy especial, no cualquiera puede decir: "voy
y toco". La regla es que sean solistas de las
orquestas alemanas grandes, porque ahí es donde
se encuentra a la mejor gente. Mientras tanto ya hemos
logrado un prestigio muy importante para pensar: "bueno,
la gente sabe lo que somos, y cada uno va a tener
el honor y la satisfacción de tocar ahí".
Pero también es una gran responsabilidad, sobre
todo porque no hay mucho tiempo de ensayo.
Claro,
si todos trabajan en otras orquestas...
En
el momento que alguien falle se llama al próximo,
hay una especie de lista con suplentes, y cuando ninguno
de ellos puede se llama a uno nuevo.
¿Y
para ensayar cómo hacen?
Ese
es el gran problema, hay veces que no podemos ensayar
porque no tenemos tiempo. Por lo general trabajamos
el repertorio cuando grabamos el disco. Si entra alguien
nuevo se le da las partes y el disco, para que se
vaya preparando por su cuenta. Tratamos de tener la
misma formación, pero siempre hay contratiempos,
gente que está en sus orquestas y no la dejan
ir.
¿Y
los integrantes originales del quinteto siguen?
Dos
nada más. El cornista y yo.
¿No
es sólo música clásica la que
tocan?
No,
es decir, somos músicos clásicos, pero
muy flexibles, por lo general hemos tocado en bandas
de jazz, o somos muy fanáticos del jazz, de
la música latina. Hemos hecho mucho tango,
que nos sale muy bien porque somos fuelles. Imitar
al bandondeón para nosotros no es ningún
problema. Este tipo de ensamble se presta para todo,
¿por qué?, porque los instrumentos que
nosotros tocamos, sea la trompeta, el trombón,
están en todos lados, en las bandas de jazz,
en las de salsa, en las bandas de los pueblos, son
instrumentos que están en todo tipo de música.
Si a uno le dicen que nombre un instrumento musical,
¿qué es lo que dice?, la trompeta. O
el piano. No dicen el violín. Hace poco estuvimos
en México y tocamos música mariachi,
y cantamos también, ¿por qué
no?, el público queda loco de la vida. La idiosincrasia
nuestra es decir: queremos tocar la mejor música
del mundo. La música que a nosotros nos gusta,
esa. Y puede ser tanto lo clásico como lo folklórico,
música que se ha elaborado durante muchos años
y ha logrado un nivel muy especial. Las cosas que
a mí no me gustan hacer son los experimentos,
porque el experimento no deja de ser eso, no hay una
madurez ni una calidad muy especial. Es el comienzo
de algo, o el tratar de comenzar algo. Eso no lo hacemos,
nosotros tocamos la mejor música.
Me
comentabas del concierto que dieron con German Brass
en Nueva York...
Sí,
que sirve para ver a dónde hemos llegado. El
concierto de navidad tradicional de la ciudad de Nueva
York, que se realiza siempre con los metales de la
Filarmónica de Nueva York y los metales de
Canadian Brass, el 22 de diciembre de 2002 se hizo
con German Brass. Me encargaron hacer un concierto
con las dos formaciones. Por tradición lo hacían
siempre con Canadian Brass, esa vez lo hicieron con
nosotros, y este año vamos a invitar a la gente
de la Filarmónica de Nueva York para que vayan
a Alemania, en agosto. Fue una de las cosas más
importantes que hemos hecho hasta el momento con German
Brass. En el 2002 a mitad de año ya se habían
agotado las entradas. Ibamos a tocar en el Carney
May y tuvimos que hacer el concierto en el Avery Fisher
Hall, que queda en el Lincoln Center, porque entran
casi el doble de personas, eran más de 3.000
las que habían en el concierto. Fue un éxito
muy grande para German Brass, tanto es así
que a partir de ese momento nuestro prestigio en Estados
Unidos ha crecido de tal manera que nos tratan de
llevar por varios lados. En el ámbito de los
músicos profesionales los norteamericanos nunca
le habían dado mucha importancia al europeo.
Hasta ese momento. En el concierto estaba todo el
mundo, el alcalde de Nueva York, que por aquel entonces
todavía era Giuliani, políticos de todos
los colores. Fue una de las cosas más interesantes
que yo viví, porque Nueva York es algo muy
especial en Estados Unidos. Habíamos hecho
conciertos en Estados Unidos, pero nunca de esa magnitud.
Tanto es así que, luego de los conciertos el
músico tiene que afrontar a parte del público,
hay una instancia particular para encontrarse con
sus fans o seguidores. Yo pensaba: "voy ahí,
habrán diez, veinte personas", y me encontré
con más de doscientas.
¿Dialogan
con ellos?
Tuve
que ir a conversar, me hacían preguntas. Fue
muy emotivo, había gente que venía de
México, o del oeste de Estados Unidos, que
pasaban las navidades en Nueva York y querían
vivir eso. Además conocían todos los
discos, la trayectoria de German Brass.
¿Cuántos
discos tiene German Brass?
Más
de veinte, veintitrés, veinticuatro. Ahora
cambiamos de compañía discográfica,
nos contrató Universal, que es la que tiene
más fuerza. Luego de EMMI nunca quise estar
en una compañía muy grande porque tiene
la desventaja que hay mucha gente. Y hay alguien que
tiene que seguir todos los pasos, que es muy difícil
de encontrar en una compañía grande,
donde se dispersa mucho. Pero en Universal hay una
persona que se hace cargo exclusivamente de nosotros.
Fuera de Alemania no hay muchos discos nuestros, hay
copias piratas, por todos lados. Por eso es importante,
también, tener una buena compañía
que nos venda en todo el mundo, para evitar esa piratería.
Alemania:
Con
respecto a Alemania y tus años en la universidad;
¿había muchos extranjeros?
Había
japoneses, americanos, pero no mucha gente de otros
lados. Creo que el único latino era yo.
¿Cómo
era la relación con los compañeros alemanes?
Perfecta.
Está
el estereotipo del alemán como alguien frío,
distante...
No,
es todo mentira. La generación nuestra es muy
amable, cordial, seria. No era el guarango de acá,
gente joven muy seria, pero también muy alegre.
Yo me acuerdo cuando tocábamos jazz, por ejemplo,
cómo se reía esa gente, hacían
chistes, yo no los entendía, después
me los decían en inglés y me reía
también, pero entre ellos tenían una
alegría tan sana y eso a mí me contagiaba...
me costó un tiempo apreciar eso, a veces no
sabía si se estaban riendo de mí, pero
de eso uno se da cuenta enseguida, la honestidad de
esa gente, aún seguimos siendo amigos. Yo voy
poco a Berlín, pero cuando voy tengo tantos
amigos...
¿Ha
cambiado mucho Berlín?
Ni
se sabe, es increíble lo que una ciudad puede
cambiar.
¿Cómo
era la relación con la ciudad que estaba del
otro lado del muro?
Era
otro mundo. Como si vos hablaras, por ejemplo, de
Buenos Aires. Tienen otro tipo de cultura, una manera
de ver las cosas muy diferente, porque están
criados en otra mentalidad, en otro sistema. Aquellos
son testarudos, siguen su camino, el occidental es
mucho más abierto, ellos tienen eso de que
"esto tiene que ser así y no hay otra
manera de hacerlo", y no les discutas porque
no hay manera.
¿Actualmente
se mantienen esas diferencias?
Sí.
El occidental es un tipo muy trabajador, sabe que
para ganarse el pan tiene que esforzarse. Al de la
otra Alemania el estado le daba todo, no tenía
que pedir nada, no tenía que ganar nada, apenas
terminabas tu preparación ya tenías
trabajo, y no había una cosa férrea
que te exigía trabajar y trabajar, eso se da
en la sociedad occidental donde si no trabajás
te echan, sin ningún problema. Por el otro
lado, el occidental tiene su nariz muy alta con respecto
a los otros, y eso se los hacen sentir. Y los otros
alemanes dicen que estos son una manga de estirados.
Entonces no se entienden.
¿Y
en el resto de Alemania hay diferencias en los distintos
lugares donde estuviste?
En
la sociedad muy poca. La sociedad occidental alemana
creció de manera muy parecida en todos lados.
Hay diferencias de mentalidades de un estado a otro
y sobre todo del idioma, que cambia en diez kilómetros.
Es increíble la cantidad de dialectos que existe.
En la edad media eran sociedades cerradas, que tenían
poco que ver con las demás y estaban siempre
en guerra.
¿Qué
idea tienen ellos de Latinoamérica?
Ninguna,
está muy lejos. Cuba, con su música.
Y cuando decís que sos latinoamericano les
parece muy exótico, a mí me tratan de
italiano, no importa adonde vaya siempre me tratan
de italiano, al principio me calentaba, porque uno
cree que se dan cuenta del lugar de dónde venís.
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