Enrique Tellería.

Es concertista y arreglista de bandoneón. Vive en Europa desde hace varios años, y ha participado en los más importantes festivales internacionales, además de colaborar con artistas como Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina, y de actuar con agrupaciones orquestales de distintos países.
La que sigue es una entrevista con Enrique Tellería, quien repasa su trayectoria profesional, su vida y sus recuerdos de Las Piedras.

¿Cómo se componía su familia y a qué se dedicaban sus padres?


Mi familia era el prototipo de aquellos años 50: clase más o menos media, obrera, sencilla, de las que a través del esfuerzo, hacen grande un país. El viejo era ferroviario, enamorado de su ferrocarril, dedicó toda su vida a defender los derechos de los ferroviarios. Fue dirigente gremial durante más de 3 décadas, le vi hacer partes oratorias memorables en algunas de las características huelgas, que todo obrero hizo en Uruguay para conseguir un mendrugo de aumento salarial. Porque los políticos de entonces eran igual de mentirosos que los actuales, haciendo muchas promesas para conquistar el voto y llegar al Palacio Legislativo. Al pueblo palos, hambre, y cierres de empresas, como luego cerró AFE. Mi madre; labores, tirando del carro y siendo una gran administradora de los recursos que entraban a la casa. Hambre no pasamos, ahora, privaciones, bueno, de todos los colores, como en los hogares tipo de aquellos años. Los hogares de hoy no solamente pasan hambre sino privaciones, humillaciones, y una decadencia social que me alarma día a día cuando recibo noticias desde Montevideo. Tengo una hermana que hoy vive en Las Piedras, al igual que mi madre, el viejo ferroviario se fue al cielo buscando quizás otras vías para sus trenes, ya que la farsa política uruguaya cerró un bien público como el tren. Cuando en mis constantes viajes por Europa, digo que en Uruguay no hay trenes, me miran y me tildan de mentiroso. El europeo no se explica un país sin trenes. En este continente se invierten fortunas en mejoras de railes, porque consideran que un buen servicio ferroviario es el pulmón vital de la economía, sin importar si es redituable o no. Pero en Uruguay, donde pegado al tren se construyeron poblados y, sobre todo, costumbres, unos desgraciados gobernantes seudo democráticos aunados a los poderes dictatoriales cerraron AFE. Como luego fueron cerrando todo aquello que fue tradición en el Uruguay, como la ONDA y cientos de industrias, dejando al pueblo en la miseria, el hambre, la desesperación, y dejando al país con válvulas de escape tremendamente graves para cualquier región como lo son el paro, la delincuencia, la falta de fe, la destrucción de la familia, el desapego de hijos con padres, el terrible flagelo de la emigración, la nula inversión en cultura, salud, planes sociales, jubilaciones, pensiones, salarios, y, especialmente, el cuidado de las fuentes de trabajo.
Ese era el principio de mi familia en aquellos años (1950). Fui muy feliz, recibí una educación corriente, pero el mejor profesor lo tuve en mi hogar, mi viejo era de aquellos de "palabra". Para él un papel no servía para nada si el hombre no tenía palabra. Fíjese hoy en día, cuánto puede valer la palabra de las personas con solo pensar en la palabra de los gobernantes. Creo que ahí tenemos la muestra…

Nació en Montevideo y vivió parte de su infancia en Progreso: ¿Cómo llegó a Las Piedras y cuánto tiempo vivió en esta ciudad?

Nací por la calle Martín Berinduague, cerca del Paso Molino. Mi abuelo paterno fue durante muchos años guardabarrera de las vías de AFE, antes del viaducto de Agraciada, aquel que llevó como 10 años hacer y eran 800 metros. En Europa, para esa distancia pueden demorar 2 meses como máximo (y no comparo, solamente me remito a lo que he visto).
En Montevideo estuve hasta los 5 años, cuando nos fuimos a Progreso, donde viví hasta que tuve 8 años. Allí recuerdo entre tinieblas el partido de Maracaná, que mi padre escuchaba, y la gran fiesta de aquellos pocos pobladores. Vine a Las Piedras con 8 años, a la calle Municipio 81 entre Colman y La Paz. La casa todavía está, era enorme. Ahí empezaron mis correrías de juventud, y con 9 años y 11 meses, salí por primera vez a tocar con una orquesta que era de jóvenes, de la zona de Peñarol. Se llamaba Calesita Juvenil y la dirigía Roberto Campi, quien hubiera sido buen violinista pero se dedicó a la electrónica. Le vi en 1997, en uno de mis viajes a Montevideo, estaba en una oficina. Sintió mi nombre y se quedó como estatua, no lo podía creer. Hablamos poco pero fue un lindo reencuentro. Juan José Aldao era el otro violinista, que en aquellos años tendría 11 años. Con él nos fuimos viendo mas seguido, fue primer contrabajista de muchas orquestas de Uruguay y luego estuvo 12 años en la Sinfónica de Maracaibo, en Venezuela. En enero de este año lancé mi 3er CD como solista de bandoneón con Orquesta de Cámara y el Maestro Aldao estuvo presente en ese lanzamiento con su esposa. Nos dimos un abrazo después de más de 25 años sin vernos y de 48 que fuimos compañeros en aquella orquesta de muchachos. Sabe que me hace preguntas inteligentes, pero necesitaría un libro tan grande como el Quijote para enumerar todo. Hago la aclaración que del Quijote solamente necesitaría su tamaño, porque su contenido es imposible igualar en calidad e importancia.
En Las Piedras viví 3 décadas antes de radicarme en Montevideo por razones más que nada laborales. Pero con Las Piedras seguía teniendo, por múltiples razones, un vínculo casi diario. Conocí a Las Piedras cuando sus villas eran campos de viñedos y la gente de Montevideo se empezaba a comprar sus terrenitos y aprovechar los fines de semana para levantarse las casitas que les salvaran de grandes sumas en alquileres. Las Piedras pasó a ser una ciudad satélite de Montevideo, y aquello fue un boom: aumentó el trabajo para el comercio local, la construcción, los medios de transportes, había mucho movimiento. Los fines de semana existían, entre Las Piedras y alrededores, más de 30 lugares para ir a bailar, sobre todo bailes familiares. Solamente en la ciudad estaban los grande bailes del club Juventud, donde vi tocar, por ejemplo, a Orquestas como Panchito Nolé, Donato Raciatti, Oldimar Cáceres (hoy en Brasil). Yo tenía unos 17 años e iba con la Orquesta típica de Walter Díaz, la banda Tropical de Alfredo Rivero (pedrense), Grupo 70 de Franco Albanesse (hoy en Italia), y tantos grupos que hoy mi cabeza no recuerda. Luego teníamos las célebres matinés de los domingos del club Olimpia, donde estaba la orquesta estable de Los Tréboles, con su cantante Washington Larrosa. Estaban los bailes del club Solis, y más tarde vino la Sociedad Italiana. En los alrededores los bailes de Rincón del Colorado, el Club Viale, La Cantera de La Paz, el Club Social La Paz, los bailes de las escuelas, en fin, había un movimiento tremendo que hoy no existe. Sin molestar a nadie, creo que viví una ciudad de Las Piedras irrepetible. Me crié tocando en los bailes orilleros, como el baile de la gallega Herten., allá, al final de la calle La Paz; el baile de Los Dorilas, cerca del Hipódromo, un baile para la raza negra donde siempre me trataron con mucho cariño y respeto; el baile de la Negrita… Toqué por más de dos o tres años en esos lugares de gente pobre, barrial, muchas veces hasta indigente, y nunca tuve problemas. No olvide que yo tenía en esos tiempos entre 11 y 14 años.

He tocado con Raimundo Amador, el rey del flamenco, acompañé en Madrid a Joaquín Sabina, grabé para decenas de producciones discográficas, el año pasado fui solista con la espectacular Orquesta Sinfónica de Catalunya, de fama Mundial, grabando para el sello BIS de Suecia. El año pasado toqué como solista con la Sinfónica de Frankfurt, bajo la dirección del Maestro Jhon Storgass. También hice dos giras con los solistas de la Royal Opera House de Londres (2001 y 2002); he tocado dos veces en Chile junto al genial pianista chileno Roberto Bravo; en Canadá, Suecia, Dinamarca, Austria y Alemania, durante los últimos cinco años, he tocado 24 veces; estuve en Disneyland Paris acompañando a El Cabrero, el gran cantaor de flamenco; he tocado en los más emblemáticos teatros de Europa, empezando por el Palau de la Música Catalana; el año pasado estuve en Moscú y en la Siberia, pisé la Plaza Roja. Pero no me olvido que empecé en esos barrios y lugares que le nombré, y lejos de arrepentirme, si naciera otra vez, lo volvería a hacer, porque la experiencia y ubicación que tengo en la vida es producto de haber conocido todo los escalones de la sociedad si es que la sociedad tiene escalones. Fíjese que he tocado a cinco metros de los Reyes de España, en la fiesta del BID que se hizo en Barcelona hace unos 6 años. Me llevaría decenas de hojas explicarle mi actividad, pero todo nació de allí, de aquellos barrios humildes de Las Piedras, de sus bailongos donde el vino suplía el lujo del Whisky, y donde algún lío mostraba que había sangre caliente en los pobladores del lugar. Pero fueron años muy felices para mí, no los cambiaría por ninguna niñez de lujo, no me interesaba y no me interesa.

¿Cómo se acercó a la música y al tango en particular?

Yo empecé con cinco años, cuando mi padre me regaló un bandoneón negro Premier. Al que le gustaba el fuelle era a él, yo no tenía ni idea de lo que era un bandoneón ni la música. Tengo fotos con ese bandoneón. Luego, por el destino, un día le llevé los peines a afinar a un seudo músico muy conocido de Montevideo y sencillamente me robó aquellos peines, por lo que fue el final de aquel mi primer bandoneón. Ahora tengo tres bandoneones doble AA restaurados especialmente para mí, que amén de su sonido, son dignos de admiración por el lujo de sus terminaciones en fuelles y teclados.
En mi casa la música fue el pan diario, la radio estaba encendida 18 horas al día, siempre tangos. Existía poca oferta musical, pero buena. Luego vinieron épocas de música basura, sobre todo por los 70, y se empezó a valorar más la pinta del músico que sus condiciones técnicas. Ahí se hundió definitivamente la cultura musical en el Uruguay, siendo una música para dentro de casa, sin muchas posibilidades de exportación, salvo en casos aislados. En estos momentos, para el mundo musicalmente Uruguay no existe. No tiene posibilidades de mostrar su cultura, antes que nada, por la falta total de apoyo político, y luego por otras razones que no deseo enumerar, no porque tenga problemas en hacerlo sino porque ahora vivo lejos y debo expresarme con bastante cautela.

EL TANGO y yo..., creo que todo rioplatense nace en sus genes con muchas cosas que le vienen desde las raíces. En esa región uno nace escuchando a Gardel, Canaro, Troilo (le confieso que cuando tuve uso de razón los escuchaba bastante poco o nada, ya le explicaré. Los rioplatenses, también, luego del primer llanto gritamos un gol de Nacional, Peñarol, Boca, River, hablamos de murgas, de candombes, de carnaval, de domas. Esos son, mas o menos, los temas del tradicionalismo social).
Y el Tango es una forma de sentir del rioplatense. Luego uno elige, si quiere seguir en él o se dedica a otros géneros. Musicalmente hablando yo nunca me consideré un tipo amante del tango, fíjese lo que le digo. Con 19 años cumplidos me retiré totalmente de la ejecución en público del bandoneón en Uruguay, salvo dos o tres veces por ciertas circunstancias muy especiales, y menos, pero mucho menos, integrar una orquesta típica, que me hubiera significado llegar a odiar el bandoneón, la música y afines. Salvo algunas pocas orquestas típicas de relieve, el resto eran sencillamente inescuchables, y en algún caso impresentables. Cuando en esos tiempos yo escuchaba lo que Astor Piazzolla ofrecía en el mundo, y luego tenía que soportar la marchita de la Serpentina, con todos mis respetos al autor, era una tortura psicológica insoportable. Pero bueno, gustos son gustos. Yo respeto el de mis semejantes aunque no los comparta, como no quiero que nadie comparta los míos tampoco. Pero tango, lo que se dice tango, hice con la típica de Thomas Huelmo teniendo yo 15 años. Allí estuve 8 meses, hicimos dos bailes y sonaba muy bien. Había 4 bandoneones, buenos arreglos, pero trabajo nulo. Más tarde pasé a Walter Díaz. La orquesta me quedaba en Las Piedras y con ese grupo recorrí casi el 75% del Uruguay. Realicé mi primera grabación profesional en Sondor, y fui varias veces a Canal 10, así como un mes de Radio Carve. De esto hace 38 años, aproximadamente.
Hoy mismo toco poco tango, únicamente en casos que acompaño coreografías bailables, espectáculos donde hay bailarines. Si el programa lo exige, hago tango popular pero con arreglos modernos. Aquí en España estoy en varios grupos además de contratarme para tocar con formaciones europeas; en agosto tocaré con el NOVITANGO, la formación que dirige el gran pianista Hugo Aisemberg. Vienen desde Pesaro, Italia, al paraninfo de la Universidad de Valladolid, y me contrataron como bandoneón solista. El 14 de agosto tocaré en el Auditórium Paul Casals del Vendrell con el New Ensamble Barcelona, un quinteto que viene a mas. El 30 y 31 de julio estaré en el 29no Festival de Arseguell, patrimonio de la cultura catalana, donde en dos días se juntarán unos 250 músicos europeos y más de 8 mil personas. Voy a tocar absolutamente solo, y la organización ya compró una bandera uruguaya que lucirá durante el festival.

¿Por qué el bandoneón?

Se lo contesté anteriormente, creo fue un gusto de mi padre. Yo me sentí bandoneonista realizado el día que pisé España. Quizás ahí se despertó el verdadero instrumentista. Siempre toqué, en mi casa hacía los arreglos con el fuelle, pero no había campo para el bandoneón, y me dediqué a otros instrumentos y a otros géneros. Había que comer y sacar a la familia adelante, y con el tango en Uruguay no pasaba nada. Pero nunca dejé de tocar diariamente, con lo cual, al menos no bajaba de nivel. Por otra parte, siempre estuve relacionado con músicos del extranjero, recibiendo grabaciones, datos, y por eso, cuando me marché de Uruguay, nada me tomó de sorpresa, sabía lo que podía pasar conmigo. Luego dependía del destino.

Si le pido que defina al bandoneón, ¿Qué me diría?

El bandoneón en su historia ha tenido tantas definiciones que, creo, poco aportaría lo que yo le pudiera decir. Creo que cada uno le da una definición personal, según sus sentimientos.
Mis bandoneones son un cubierto más en la mesa del día a día, ocupan un lugar preferencial en mi coche..el va en un asiento. En los hoteles duermen en la cama junto a la mía, y si voy con mi esposa, entonces van a un armario, con buen espacio y lejos de humedades, golpes y, sobre todo, de las limpiadoras de los hoteles que me lo puedan cambiar de sitio. Quedan siempre bajo llave, no los lleva nadie más que yo, mi esposa o mis hijos. Mis fuelles desde que están a mi lado no conocen otras manos que las mías, no los presto a nadie.
Para mí el fuelle es poder expresar en sonido todo lo que llevo dentro, él transmite lo que yo le digo. A veces nos enojamos, pero él aguanta callado. Otras veces me dice, con su voz ronca: estamos vivos hermano…pa/lante… Mi fuelle me salvó en los momentos ingratos de la vida. El puso paz a mis nervios de jefe de familia que iba día a día tras un peso para el morfe, ¿me entiende?. Con él aplaqué muchas iras, y aguanté desplantes, puertas cerradas, críticas, humillaciones, las risas burlonas de los que hoy ya no se ríen de mí.

¿Cuál fue su formación musical y cuáles sus primeras presentaciones?

Algo le fui contestando. Con 9 y 10 años tuve mis primeras presentaciones en la primera Orquesta que le conté. Recorrimos prácticamente todo el departamento de Canelones; le podría nombrar San Ramón, Castellanos, Soca, Pando, Santa Lucía. Aprendí mucho, porque tocaba al lado de gente que me llevaba más años. Yo era un niño, sabía cinco temas muy mal tocados. Acompañaba, pero de oído a los pocos meses fui sacando el repertorio. Debuté en un casamiento en Sarandí del Yí, con 9 años y medio. ¿Se imagina lo que era en esos tiempos para un niño salir solo de su casa?. Recuerdo que me pusieron los primeros pantalones largos color gris, y aunque mis padres me recomendaban a muy buena gente, el hecho de viajar en tren casi 600 kilómetros entre ida y vuelta y luego tocar en aquella fiesta, fue algo que siempre recuerdo. Me pagaron 3 pesos con 33 centésimos. Eramos tres músicos: Roberto Campi (violín), Washington Cáceres y yo en bandoneones, y nos dieron 10 pesos, que era buen dinero para la época. Con esos 3 pesos me compré artículos de la escuela.

Me gustaría que cuente cuáles eran los lugares donde una orquesta podía tocar y cómo era el ambiente en la noche de Las Piedras.

Arriba le expliqué cómo era Las Piedras en aquellos años de los 60 o 70, muy distinta a la de hoy. Conservo en mi memoria a mucha gente con la cual compartí gran parte de mi vida, como, por ejemplo, los hermanos Ruben y Carlos Cedrés, de quienes fui vecinos puerta pegada, en la calle Municipio. Ruben actualmente tiene una industria de máquinas agrícolas en la ruta 5, y Carlos una ferretería en Municipio y Colman. Con ellos estuve apegado casi 15 años hasta que los compromisos nos fueron separando. Recuerdo, también, a grandes muchachos como el Checho, ..uf.., qué barra brava tenían en esos años; salían 7 u 8 y se pegaban con gente que venía de Montevideo. Eran bravos para la piñas, pero buena gente. Cuando fui a Las Piedras por última vez, en el 2002, vi al Checho, le pegué el grito y nos dimos un abrazo enorme. Y sí amigo, en esa época había muchachos guapos, atorrantes pero de ley, porque atorrante no quiere decir mala persona. Eran laburadores, pero el fin de semana metían para adelante, sobre todo en aquellos tiempos cuando a Las Piedras venían muchas barras desde Montevideo a conquistar pebetas pedrenses.
En la soledad de algún viaje largo de avión muchas veces se me aparecen aquellos años, en los que conocí a la mujer más bonita que había en toda Las Piedras, la más buena y grande entre todas: mi esposa. Imagínese si Las Piedras tendrá importancia. Y más tarde conocí a Félix Acuña, a Cacho Magiolo, al gallego José, a Cabrera, al Canario Ramos, a Hugo Robert, a Douglas Melgar, a Gallo Machín. Muchos de estos muchachos eran íntimos amigos de Julio Sosa, con quien compartí el escenario del club Olimpia cuando cantó con las cuerdas de Mario Núñez, un gran guitarrista que estuvo en España como cinco años. Y ahí conocí a Carlitos Olivera, animador oficial de Julio Sosa y en muchas ocasiones de los bailes del club Juventud. También recuerdo a Pocho Díaz, de Los Tréboles, al gordo Calcagno, que tenía una orquesta, al pianista Cabrera, al hoy doctor Crespo, mucha gente... Fui a la casa del Vivian Trías, porque mi padre era muy amigo de él. En las elecciones siempre voté al Partido Socialista, en mi familia jamás votamos a blancos ni a colorados. Aquí en Catalunya soy de una fuerza independentista y tanto yo como mi esposa y varios de mis hijos votamos a ERC (Ezquerra Republicana per Catalunya). Soy Republicano, anti monárquico, y estoy muy al día de los asesinatos a catalanes que hizo el régimen franquista. Aunque soy descendiente de vasco, mi bisabuelo era vasco, tierra que quiero muchísimo también, y donde tengo muchos amigos.

¿Qué músicos pedrenses de esa época recuerda?

Ya le nombré a Crespo, estaban, además, Nelson y Wilson de Oliveira, tremendos músicos, el primero hoy en la Banda Municipal de Montevideo. Con Wilson nos reencontramos luego de 45 años en Alemania, cuando fui a grabar con la Big Band Jazz de la radio y tv de Frankfurt. El es primer saxofonista de la Orquesta, y una figura consular del jazz. Tengo conciertos de Wilson con su grupo y suenan de maravilla. Un genio. El año pasado toqué con la Sinfónica de Frankfurt y me esperó con unos tallarines… Claro, Yiye, como le decimos, mojaba aquellos tallarines con gruesas lágrimas de viejos recuerdos pedreneses. El siempre me dice: "Telle, viva Las Piedras".
A los Oliveira le mataron a su padre en el café EL 20 unos miserables. Nuestros padres llegaron a trabajar juntos, ¿ le parece que tengo pocas cosas en Las Piedras?. Allí hay una tumba que tiene a mi padre, es decir, siempre estoy ligado a Las Piedras. Y sí, de Las Piedras salieron Berugo Carámbula, los Crespo, Alfredo Rivero, el cantante Luis Sosa, Franco Albanesse, el gran Chato Arizmendi, Carlitos Magallanes, gran bandoneonista radicado en Brasil desde hace 30 años. Me acuerdo también de Fusquito, de Luis Prego, de Piero (que fue director de la Banda Municipal), de los Diotti..., la memoria me juega una mala pasada, sé que me voy a olvidar de muchos…

¿Cuándo se dio cuenta que su futuro estaba en la música? ¿Se puede hablar de una decisión suya o fue un proceso del que no tuvo demasiada conciencia?

Yo nací músico, no sé si bueno, malo o regular, pero para mí la música fue algo que traía en la sangre. Ahora, saber a dónde iba a llegar, ese es otro tema. Una cosa se nos puede hacer fácil y quizás no practicarla. ¿Sabe cuántos pibes hay que nacen siendo magos para el fútbol, y luego no llegan, y juegan en el 85% los patas duras, los recomendados, o los que tienen buenos padrinos?. Y en la música pasa igual, no sé en Uruguay ahora, pero antes era así. Con buenos padrinos se podían lograr muchas cosas, si uno integraba un Clan, tenia unas puertas. Sino, bueno, eras un músico rasca, los tropicaleros nos llamaban muchas veces. Otros nos decían los músicos del Chim-Pum.
La música fue la herramienta de trabajo que el destino puso en mis manos para ganarme la vida. Se trató de un proceso que se fue generando con los años, con las dificultades, con la pelea por la subsistencia personal y luego familiar. Pero dentro mío siempre estuvo el artista.
¿Sabe usted cuántos me han dirigido sabiendo apenas el 20% de mis facultades?, ni se lo imagina. Pero también he tenido la suerte de tocar al lado de gente a la que jamás hubiera pensado llegar a conocer, y eso también es la carrera de un artista, o de un sencillo músico. En Uruguay hubo años que todo el mundo enseñaba música, abrían academias una por cuadra para enseñar acordeón y guitarras, y los profesores no sabían el acorde de Do Mayor. Curraban a niños, padres, y eran mercenarios del arte. Eso ocurrió también en Las Piedras. Nunca vi a un alumno de esas academias tocar en público, y a sus profesores, lógicamente, menos.

¿Cuáles son sus referentes en la música?

Astor Piazzolla, el máximo. Hay otros, pero él fue el primero y el más criticado. Luego, muchos: Arturo Sandoval, Dypsy Gilespy, Tito Puentes, W. Marchali, Tchaikovsky, Serrat, Ray Charles.

¿Cuándo y cómo se produjo su emigración a Europa? ¿Fue algo que usted estaba buscando?

Por necesidad y por conceptos.
Por necesidad porque el ciclo laboral mío en Uruguay había tocado techo, como ha tocado para el 95% de los uruguayos, aunque no todos se pueden ir. Prueba de ello es la terrible emigración que llega a Barcelona desde Montevideo, con unos problemas tremendos. Consideré que era el momento o bien de salir adelante o bien de hundirme totalmente en la miseria de un país que hoy esta en el CTI. Lo que más me alentaba era buscar un futuro para mis cuatro hijos, a quienes no quería ver metidos en un cuartel como único medio de vida, o siendo explotados por salarios miserables, como hoy lo está la juventud uruguaya, y quien no comparta mi pensamiento que me de pruebas de lo contrario. Lo intenté en 1978 y quizás la falta de experiencia me complicó las cosas, y teniendo todo para ganar estuve 9 meses en España y retorné a Uruguay. Fue la peor decisión que tomé en mi vida.
Tuve muchas posibilidades de irme, primero para Australia, en el 70. Con mi esposa estábamos recién casados, ambos teníamos conocimientos textiles, íbamos con empleo, sueldo, casa, pero la familia empezó a decir que esto que lo otro, y nadie nos ayudó. Más tarde, en el 80 pude tocar en cadenas de hoteles de la Polinesia, pero en ese momento ya teníamos hijos y llevarlos a una vida de viajes de isla en isla, de no saber donde vivir, nos hizo dudar. Pero en nuestra casa siempre se hablaba de irnos del Uruguay, hasta que con 19 años se vino mi hijo mayor, Enrique. Vino de vacaciones por un mes, y se quedó a vivir. El me propuso venir en Noviembre del 91 para ver cómo era Barcelona antes de las Olimpíadas, y si me gustaba y me salía trabajo, ver de quedarme. Y así fue. Despedirme de mi esposa y mis tres hijos en el aeropuerto fue algo tremendo. Pero salí con una ilusión tremenda y a las 48 horas empecé a trabajar haciendo suplencias en una sala de fiestas. En diciembre del 91 integré todos los espectáculos de tango de Barcelona, que se preparaba para las Olimpíadas. Tuve la suerte de tocar seis meses en La Boite, una sala de lujo en Plaza C, y los dueños me hicieron un contrato que me permitió obtener todos mis papeles legales. A los 3 años era ciudadano español. A los 5 meses de haberme instalado en España pude traer a mi esposa y mis tres hijos luego de haber vendido todas las pertenencias de una casa que había costado 24 años de esfuerzos. Pero valió la pena.
De ese momento a la fecha no me puedo quejar, sino que por el contrario, hoy tengo un precioso departamento frente a las montañas del Parque Nacional de Montseny. Vivo en Sant Celoni, a 60 kms. de Barcelona. En Barcelona viví 12 años y es una ciudad impresionante. Dentro de 5 años será de las dos o tres capitales del mundo.
Así fue mi determinación de emigrar, pero yo creo que empecé a emigrar el mismo día que nos pusimos de novios con mi esposa.

¿Qué público tiene el tango en España y en Europa?

El tango en Europa es un género foráneo y como tal hay que tratarlo. Pero hay países como Alemania, donde se realizan espectáculos de tango grandísimos, inclusive por orquestas sinfónicas. En Italia, en Francia, hay mucho tango. En España hay pero poco con músicos en directo. En Barcelona solamente el Bar Pastis, que presenta los martes un dúo de tango. En Madrid creo que hay tres o cuatro locales con música en directo. Luego están las milongas, con música grabada donde se enseña a bailar, y la gente se lo pasa muy bien. Pero no hay mucho público para el tango.
Pero si el tango tiene que vivir del publico latino, se muere al otro día, eso es así y lo vivo permanentemente. El latino trae las costumbres de sus pueblos y no gasta, quiere vivir del garrón, pagar poco o nada. El europeo es diferente, prefiere ir a ver espectáculos serios, buenos, y en lugares predeterminados como grandes teatros o salas.

¿En cuántas grabaciones ha participado?

Tengo tres cds. realizados por mí. En el último participaron 16 músicos del medio. En colaboraciones calculo unos 20 trabajos discográficos. He grabado rock, por ejemplo, con el grupo catalán Brams, flamenco, temas discotequeros, melódicos.

Ha tenido la oportunidad de visitar una gran cantidad de países: ¿Qué puede decir de la experiencia de tocar para públicos tan variados?

Conocer públicos de varias naciones nos da experiencia, cultura, amistades, contacto, se te abren muchas puertas. Pero conocer ciudades es lo mas bonito de mi carrera. Estar en sitios que solamente había visto en un atlas es muy emocionante.

Ha colaborado, además, con una larga lista de reconocidos músicos: ¿De qué artista o artistas conserva mejores recuerdos? ¿Cómo fue su experiencia con Joan Manuel Serrat, por ejemplo?

Con él nos dimos hace poco un apretón de manos en una casa de música de Barcelona, y cuando actuó en Montevideo, sé que músicos de la Filarmónica le preguntaron si me conocía, y el Nano expresó: "sí, sí, es un gran profesional, claro que le conozco". Cuando uno se encuentra lejos y ve a estas figuras, se piensa una cosa, quiere estar a su lado. Pero luego, cuando por el trabajo los tiene al lado, son uno más. Así me pasó con Sabina, con Sara Montiel, con Alberto Cortez, con Armando Manzanero.

¿Cómo está formada su familia actualmente?

Mi esposa, que además de soportarme es el eje de todo, la matriarca diríamos. Luego 4 hijos sensacionales; dos casados y los otros dos en vías de... pero excelentes, trabajadores. No me puedo olvidar además de las nietas, el sol que nos faltaba, las nueras, el yerno, y mis fuelles.

¿Ha pensado en regresar a Uruguay?

¿A qué?. Yo creo que cada persona cumple un ciclo, tanto en el terruño como en todo lo que haga. Nada es perpetuo, y mi ciclo en Uruguay se terminó. Guardo lindos recuerdos, tengo muchos seres que aprecio y estimo, eso siempre se extraña. Pero vivir... espero que Dios no sea tan malo conmigo. Después de 13 años en el exterior habiendo logrado casi el 100% de mis anhelos: ¿ le parece que podría dejar todo lo que tengo aquí para empezar en Uruguay, y con mis años?. ¿Qué me puede ofrecer a mí Uruguay?, o ¿qué le puede ofrecer a los miles y miles de uruguayos que nos fuimos, muy a pesar de nuestros sentimientos? Estamos hablando de un país sin futuro, sin pautas ni programas, que vive para el día a día sin pensar en el mañana.

¿Ha vuelto de visita a Las Piedras?, ¿Cómo la encontró?

De Las Piedras no me fui nunca, tengo muchas cosas que me ligan a ese bonito lugar. Pero la ciudad en la que yo viví dista años luz de ser la actual. No sé si mejor, peor o regular. Pero aquellos años para mí fueron irrepetibles.
Las tres veces que fui a Uruguay, lo primero que hice al salir del aeropuerto de Carrasco fue ir a Las Piedras. La ciudad de hoy no es la misma. La última vez que estuve en la Escuela Experimental, donde siempre voy, habían robado una estatua de bronce que conocí cuando tenia 8 años. Faltan los tremendos bailes del club Juventud, las matinés del club Olimpia. Quizás hasta la feria de los domingos es distinta, punto de vital encuentro del populacho. Falta el Continuado, el cine Stone City, el Moderno, el Avenida, el 18 de Mayo. Faltan los bailes orilleros del Defensor 33, los de Herten, los de Cabral.
Tampoco está el bar Carlitos, donde cuando venía de actuar de madrugada, me tomaba unos capuchinos con corasanes calientes que eran geniales. Mire estimado periodista todo lo que me falta cuando voy a Las Piedras, y me falta su gente. Por razones de años muchos se han volado, y otros ya están viejos, vencidos, tristes, lo comprobé en mi último viaje. La gente está agotada. Solamente espero que cívicamente Uruguay cambie de rumbo, aunque me apuro a decirle que no veo salida, porque habría que cambiar todas las estructuras del gobierno, erradicar cargos políticos que ganan miles de dólares por mes. Hay que hacer una limpieza estatal tan grande que eso no lo van a permitir los gobernantes. Mis palabras quedan escritas por si alguien quiere opinar distinto.

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Datos de la actualidad pedrense.
Historia de Las Piedras:
Reseña histórica de la ciudad de Las Piedras.

 


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