Sergio Matto.

Foto extraída de la revista Tribuna Pedrense

Equipo uruguayo campeón sudamericano en 1953
Parados de izq. a der.: Cosito (kinesiólogo), Sergio Matto, Moglia, Ruiz, Costa, Cieslinskas, Svirsky, y De Pena (D.T.). Agachados: Rodríguez (equipier), Lovera, Demarco, Larre Borges, Baliño, Acosta y Lara y Mera.

 

 

basquetbolista olímpico

Son muy pocos los deportistas nacionales que han obtenido alguna medalla en una Olimpiada. Competir en el nivel más exigente, ante otros deportistas generalmente mejor preparados, convierte al simple hecho de estar ahí en el mayor y único premio para la mayoría de quienes tienen la oportunidad de ir a una Olimpiada. Sergio Matto, nacido en Las Piedras en 1930, es una de las excepciones uruguayas. Y lo suyo no fue sólo una medalla sino dos. Una conversación con Luis Villamayor, amigo desde la infancia de Matto, es la forma más indicada de acercarse a la vida de alguien que formó parte de la mejor historia del básquetbol uruguayo.

Al principio, el lugar elegido era la Plaza de Deportes de Las Piedras, que antes ocupaba la manzana donde hoy se encuentra el liceo Manuel Rosé: “Sergio vivía en la calle Luis A. de Herrera, justo enfrente a la Plaza de Deportes. El tenía locura por ir a la Plaza de Deportes pero la Plaza tenía horarios, entonces atravesaba el alambrado que la rodeaba y estaba todo el día tirando al tablero con la pelota. Después al final le hizo un agujero al alambrado, y pasaba por ese agujero”, cuenta Villamayor.

Muy pronto el simple entretenimiento en la Plaza de Deportes fue sustituido por el campeonato de básquetbol de Las Piedras, una participación en el torneo departamental de clubes y luego el torneo interdepartamental, en el que competía incluso Montevideo, y que representaba la mejor posibilidad para un joven del interior de mostrar sus condiciones; así fueron los inicios de Matto, por quien Peñarol rápidamente se interesó.

La carrera de Sergio Matto como jugador profesional se desarrolló en las décadas del 40, 50 y 60, siendo figura en la selección nacional y en Peñarol, el cuadro al que siempre defendió en su dilatada trayectoria como basquetbolista.

Durante esos años sumó una cantidad admirable de triunfos, siendo campeón del Federal con Peñarol en varias ocasiones, y campeón Sudamericano con la selección uruguaya en 1953 y en 1958, además de integrar la selección en los campeonatos mundiales de 1954, 1959 y 1963. “En Peñarol había dos jugadores imprescindibles que eran Martín Acosta y Lara, y Sergio Matto. El resto de los jugadores se alternaban, pero esos dos eran insustituibles y no jugaban en otro lugar que no fuera como titulares. Sergio jamás jugó en la reserva de Peñarol.”, explica Villamayor.

Pero, por sobre todo, lo que convierte a Matto en un deportista especial es el haber participado en tres Olimpiadas, y haber logrado, como jugador de la selección uruguaya, una medalla de bronce en dos de esas tres Olimpiadas. “Participar en tal cantidad de Olimpiadas es un récord que detenta Sergio junto con otros tres basquetbolistas: Nelson Demarco, Héctor García Otero y Héctor Costa. Y ahí quedan excluidos fenómenos como Oscar Moglia, Horacio “Tato” López”, o Roberto Lovera, comenta Luis Villamayor, quien agrega que “para concurrir a tres Olimpiadas se necesitan doce años, porque son cada cuatro, y mantenerse todo ese tiempo en el pináculo es muy difícil, entre otras razones por las lesiones que sufren los jugadores. Porque Moglia fue un fenómeno durante cinco, seis años, pero se lastimó de la rodilla y no pudo jugar nunca más al básquetbol”. 

La primer Olimpiada para Sergio Matto fue la de 1952 en Helsinski (Finlandia), donde Uruguay conquistó la medalla de bronce tras derrotar a Argentina 68 a 59, ubicándose así como tercer mejor equipo del torneo después de la Unión Soviética y de Estados Unidos.

Cuatro años mas tarde, en 1956, en las Olimpiadas de Melbourne (Australia), Uruguay vence a Francia 71 a 62 y alcanza nuevamente el tercer puesto detrás de la Unión Soviética y de Estados Unidos. Es la segunda medalla de bronce para Sergio Matto.  

La tercera y última participación olímpica de Matto es en las Olimpiadas de Roma (Italia) en 1960. En ellas Uruguay logra un meritorio octavo puesto.  

Sin alcanzar el destaque de Sergio Matto, en la historia del básquetbol nacional podemos encontrar al menos tres jugadores oriundos de Las Piedras que sería injusto no mencionar: Felisberto Carámbula, José Perego y Enrique “Buli” Legnani. Sobre ellos Villamayor comenta; “el primer gran jugador que salió de Las Piedras fue Felisberto Carámbula. El integró un equipo de Olimpia que ganaba campeonatos, donde estaba Roberto Lovera, tal vez el mejor jugador que haya existido en el básquetbol uruguayo. José Perego, “Pirucho”, también jugó en Olimpia,  durante muchos años, y “Buli” Legnani lo hizo como titular en Stockolmo, cuando jugaban nada menos que Adesio Lombardo y Eber Mera”.

La pasión por los deportes y el agua

“Sergio era el hombre indicado para anular al jugador contrario más peligroso, era una estampilla, lo marcaba aunque estuviera lejísimo de la pelota, generando, también, un efecto psicológico; el rival luego de un buen rato de no recibir la pelota, cuando la tenía la jugaba mal. Se ponía nervioso y entonces empezaban las fallas del crack. Eso era él, y un gran rebotero, porque si bien medía solamente 1.86, la agilidad y la preparación física que tenía le hacía saltar igual que un jugador que midiera 1.92, 1.93”. Así describe Villamayor las características de juego de Matto, destacando su capacidad para “no enojarse nunca ante los rivales que lo querían parar a fuerza de golpes”.

Basquetbolista exitoso, sin embargo, a Sergio Matto sería más apropiado definirlo por su gran afición hacia los deportes en general, y por sus aptitudes para destacarse en todos ellos, no solo el básquetbol.“Yo siempre he sostenido que Sergio tenía unas condiciones tremendas para ser un campeón de decatlón. Creo que nadie podría haber practicado el decatlón mejor que él. Porque se destacaba en cualquier deporte, era bueno en salto largo, en salto alto, tiraba bien el disco, la bala, todo lo hacía bien. Pero claro, estaba absorbido por una disciplina, el básquetbol, que le impedía ser un atleta. Otros que se dedicaron al decatlón no brillaban en uno sólo de esos deportes, se destacaban en todos, Sergio les hubiera ganado a ellos”, arriesga Villamayor.

Los deportes vinculados al agua eran sus preferidos. Retirado del básquetbol Matto se fue a vivir a la ciudad de Santa Lucía para estar cerca del río, a pesar de trabajar como empleado del Banco Comercial de Las Piedras. Según Villamayor, “la natación era lo que mejor hacía. Hubiera sido campeón como nadador olímpico. Le gustaba tanto la natación, que en una de las Olimpiadas que participó, entró a la piscina olímpica para nadar un rato y cuando salió, los periodistas lo fueron a entrevistar creyendo que era un nadador olímpico”. Nadar tan bien le permitió incluso “salvarle la vida a dos niños que se estaban ahogando en un arroyo; cuando nadie los encontraba, él los buscó bajo el agua, los sacó y mediante la respiración boca a boca logró hacerlos revivir”.

Pero lo que más apasionaba a Matto era navegar. “Salía a navegar continuamente, recorrió todos los ríos del Uruguay; “a tal lado no hemos ido, bueno vamos para tal lado”, decía. Con amigos como Rúben Varela, iban al río Queguay, cuando nadie iba, ya que es el río más difícil que hay en el país. Poco a poco lo fueron descubriendo, porque el Queguay pasa como dentro de un bosque que no te permite arrimar la canoa en cualquier lado. El bosque es muy espeso y se forma una especie de altiplano y si querés subir no podés porque es todo barro. Entonces hay que saber en dónde se forman pequeñas playas para acampar”, explica Villamayor.

Una vez conocido todo río y arroyo navegable que hay en Uruguay, el sur de Brasil pasó a convertirse en el destino elegido. Y en una de esas idas a Brasil Sergio Matto murió. “Sergio fumaba muchísimo. No tomaba, pero fumaba de una forma tremenda lo que terminó afectándole al corazón. Estuvo internado pero quería ir a Brasil y mintió, dijo que el médico lo había dejado viajar. Y allá murió, en una playita recóndita”.

Una copa por jugar para Uruguay

Como los que son realmente buenos en lo suyo, Sergio Matto era muy humilde en su forma de ser, al extremo de nunca darle demasiada importancia a los trofeos o medallas que ganaba como basquetbolista.  “Sergio guardaba sus medallas en una bolsa que tenía en un rincón de su casa. Jamás le interesaron, e incluso, algunas de esas medallas o trofeos los fue perdiendo. Yo al ver eso me ofrecí para hacerme cargo de lo que aún le quedaba; un día se apareció por mi casa con la bolsa, entonces, compré una vitrina y guardé ahí las copas y las medallas. Por suerte conservaba las medallas olímpicas”, comenta Villamayor, quien mantiene dicha vitrina en impecable estado y de la que destaca “un trofeo muy particular y único en el Uruguay”: “en determinado momento Peñarol tiene un conflicto con la Federación Uruguaya de Basketball. Y la Federación arma la selección nacional en la cual incluye a Sergio Matto. Peñarol, entonces, le prohíbe a Sergio ir a la selección, bajo la severa sanción de no jugar más en Peñarol. Yo fui testigo de esa situación, Sergio, muy humildemente, le dijo a Peñarol; “primero está mi patria”. Pero los dirigentes del club le advirtieron, “mirá Sergio que no jugás más en Peñarol”. Y Sergio fue a jugar al seleccionado uruguayo. Por ese gesto enorme en la selección le confirieron el honor de ser el capitán del equipo. Después del campeonato, todo aquello de Peñarol “que lo echamos”, “lo expulsamos”, quedó atrás y lo fueron a buscar, le ofrecieron jugar otra vez y “aquí no pasó nada”. Pero había que jugársela como él se la jugó. Entonces, yo tengo la copa que le da la Federación en reconocimiento a ese gesto de Sergio que es inapreciable.

Porque Peñarol era el cuadro de sus amores, pero primero estaba el país. Y el tema estuvo en la dada vuelta de Peñarol. Es que Sergio se había hecho querer por todos, no era un jugador rebelde ni que hubiera molestado a ningún directivo. Y la hinchada lo quería muchísimo, yo salía con él por Montevideo y todos lo saludaban, lo llamaban el “canario” Matto, nada de Sergio, el “canario” Matto”.

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